miércoles, julio 10

Nonsense

Ante el silencio atronador de la asediada, dos pares de ojos se miraron triunfantes y sus respectivos dueños se reclinaron sobre sus asientos, celebrando con sonrisas mal disimuladas la victoria reciente. La asediada se cubrió la cara con las manos y sintió que alguien le acariciaba el cabello en un intento algo torpe de hacerle sentir mejor -pero ¿cómo podría ocurrir eso, si ni siquiera ella misma sabía qué era lo que le molestaba en primer lugar? Observó las tazas vacías que yacían encima de la mesa y los cadáveres de las galletitas, y entonces pensó que todo eso carecía completamente de sentido. Con qué derecho, con qué cara, con qué argumentos... Bien podía sentarse a leer allí, entre esos pares de ojos, y nadie lo notaría porque estarían demasiado ocupadas dando sus puntos de vista. Ah, las vicisitudes de la amistad. Ah, los pequeños grandes detalles de las relaciones humanas. O, como diría el par de ojos que faltaba, humanistas.

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