viernes, mayo 24

El escritor



El escritor quiere ser palabra
El escritor quiere ser lluvia,
quiere ser luna llena,
quiere ser sol, mar.
El escritor dice haber nacido para volar
para traspasar realidades.
Se adhiere a la superficie viscosa
de las imaginaciones
y mueve los piececitos en un vaivén
de letras y espirales de colores.

El escritor es invisible,
con bordes azules y ojos de papel.
Su voz viene de otro lado,
de más allá, encima de las nubes
y más abajo del mar.
Está en todas partes, pero a veces
-lo aseguro, lo he visto-
se vuelve uno solo con el aire,
y es esa fuerza que mueve
las hojas doradas encima del asfalto.

El escritor quiere ser mujer,
quiere ser aire, quiere ser flor.
El escritor quiere despegar los pies del suelo,
subir con un solo movimiento
de su larga melena azabache/castaña/zanahoria
enredarse con la atmósfera
fundirse con las nubes
perderse en los sueños ajenos
perderse en sí mismo,
en esa mujer que le mira desde el espejo,
desde sus propios ojos nocturnos
y le sonríe seductoramente
le llama con la mirada.
Y el escritor dice -cito-
no puedo salir de aquí,
no puedo, no puedo
y se golpea la cabeza contra la pared
y cierra los ojos con violencia
y aullidos desgarradores se escapan de sus labios.

La mujer se ríe a carcajadas
se burla, lo golpea en la frente.
¿No entiendes -dice-
que allí donde estés, también estaré yo?

El escritor sonríe, entonces.
Quiere ser palabra,
quiere ser ella.
Y no lo sabe, pero lo es.
Es ella, es mar, es cielo,
es palabra, lluvia, fuego.
El escritor extiende las manos
en un rápido movimiento de zas.
Entonces, silencio: el escritor ha callado.
Y sus ojos de papel escriben frenéticamente
un cuento de terciopelo
en el pergamino de su piel.

No hay comentarios: