domingo, abril 28

Manifiesto


Escribimos. Somos letras, palabras, susurros. Pensamientos desbordados en medio de la madrugada. Somos ese que se queda en pie hasta las cinco solo para ver caer la Luna, esa que va a una estación de metro cualquiera solo para observar a la gente. Somos los que ven las palabras desdibujándose en el aire, entrelazándose con los hilillos de pensamientos ajenos, con las vidas no experimentadas que iluminan nuestros caminos. Somos el chico de la clase que no protestaba cuando había que leer. Somos los que pasan horas en una librería, intoxicándose con el aroma de los libros, y jamás compramos nada. Somos esa chica que le regala una enorme sonrisa al hombre del negocio de la esquina, ese extraño que no teme ponerse a cantar en medio de la calle porque de pronto ha recordado su canción favorita.

Leemos. Somos lector, explorador de universos paralelos, soñador lúcido. Sentimos lo inexistente, nos asimos a realidades metafísicas y perdemos nuestros pasos en construcciones imaginarias que se alzan más allá del mar, donde el cielo se encuentra con la tierra. Somos lo infinito, somos eso mismo que nosotros no podemos alcanzar. Somos luz y oscuridad, día y noche, magia y realidad, cielo y mar. Somos todas las contradicciones y todas las respuestas a los 'por qué'. Somos los sueños que se olvidan apenas despertar, y esos que parecen tan reales que se sienten presentes al abrir los ojos. Somos el futuro, pero sin el pasado no podríamos siquiera intentar ser. El presente nos cobija, nos agobia, se burla de nosotros y de nuestra ilusa intención de querer olvidarlo. Somos lo absurdo de una hoja en blanco al inicio de un libro. Somos el sentido y la lógica de esta realidad tan loca que nos arroja unos contra otros, que nos remece hasta los cimientos, que intenta hacernos indiferentes ante sus juegos mentales.

Pero también somos los que aún creen. Porque escribimos. Observamos, revolucionamos, soñamos y volvemos a escribir. Damos sentido irracional a eso que tú no ves, a eso que ya no se muestra. Porque somos letras, palabras, los susurros de todas las almas que fueron olvidadas y obviadas. Somos el aire, el agua, el Sol. Somos el brillo de la Luna que se refleja en tus ojos cuando miras al cielo. Somos esa sonrisa tímida que se asoma en tu rostro cuando el sol de primavera ilumina tu cara, somos el viento que mece tus ropas. Somos esa palabra que pasaste por alto al leer esto, y ese sueño que rondará tu lecho esta noche recordándote que algo falta. Somos la música que se cuela por tu ventana una mañana fría de domingo. Somos eso que crees escuchar en medio del silencio de la madrugada, y esa figura que te parece ver en la sombra de la ventana. Somos lo que nadie quiere recordar, pero que nadie puede olvidar. Somos esa picazón en la conciencia de los poderosos, y la luz de esperanza en el camino del desamparado. Hemos callado durante mucho tiempo. Hemos dejado de ser. Pero hemos vuelto de esos lugares metafísicos que nos hemos inventado. Hemos aprendido a volar. Nunca más volveremos a caminar. El universo es demasiado como para limitarnos a ser humanos.

Escribimos. Volamos. Creamos. Somos eso que pudiste ser, pero tuviste miedo de intentarlo. Somos el límite que no te atreviste a cruzar. Estamos aquí. ¿Escuchas eso? ¿Sientes ese eco, esa vocecita rondando tus oídos, colándose por las paredes, atravesando los techos? ¿Lo escuchas? Escucha atentamente. Siente los pasos, nuestros pies descalzos marchando al son del viento. Ya no puedes ignorarnos. Somos tu voz, tus manos, tu imaginación. Somos escritores. Creamos el mundo, destruimos realidades, recreamos los sueños que se pierden en las almohadas. Nos quedaremos aquí, allí. Seremos eso que viene desde el fondo de tu cabeza. Seremos lo absoluto. Porque somos más, mucho más, de lo que jamás nadie pensó que podríamos ser. Somos uno solo. Hemos llegado al final del camino y hemos vuelto. Hemos regresado, y nos rehusamos a marchar. No volveremos a escapar. Ya nadie podrá escapar.

2 comentarios:

Cristofer Cepeda García dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cristofer Cepeda García dijo...

tremendo