jueves, agosto 30

El otro yo

La persona que está hablando no es yo. Esa no es mi voz. Estas no son mis manos, no es mi pelo, no son mis pies. Hay alguien hablando por mí, estas no son mis palabras -yo no hablo así. No puedo moverme. Me están hablando, alguien dice mi nombre y quiero responder, pero esa persona que se ha apoderado de mí toma mi lugar y responde, dice algo que yo jamás diría. Ella me mira a través del lente de su cámara y me pregunto si acaso se da cuenta de lo que está pasando, pero lo único que hace es sonreír. Se ve distinta, sin embargo. Quizás alguien también se apoderó de ella -¿y por qué no?. No, ¿por qué dije eso? ¿Por qué veo esto? En el fondo del cuarto hay una luz extraña. Este no soy yo. Imagínate que estás frente a un espejo. Imagina que mueves las manos, que hablas, que sonríes -pero tu reflejo no se mueve, sigue allí devolviéndote la mirada tranquilamente, casi burlándose de ti, casi riéndose de lo estúpido que es el hecho de que en verdad creas que él debe moverse solo porque tú lo haces. O imagina que la persona del otro lado del espejo se mueve y tú no, que estás completamente seguro de no estar moviéndote, pero tu reflejo parece no pensar lo mismo y decide revelarse contra... bueno, contra sí mismo. Siento un ligero cosquilleo en la punta de los dedos, un sabor metálico en los labios. Sigo hablando. Todos me miran, pero yo no los veo bien -no tengo mis lentes, este que no soy yo se olvidó de usarlos (quizás pensó que no los necesitaba). Le pido un cigarro, pero ¿por qué le pido un cigarro si yo no fumo? Esto tiene un sabor de mierda, pero me rehúso a dejarlo. El cosquilleo sube a mis brazos, a mi cuello, a mi nariz. Ella me mira, me sonríe y me saca otra foto. El flash envía una especie de descarga eléctrica bizarra a mis venas y siento que algo sale de mí, que mi cabeza se azota contra la pared y alguien grita desesperadamente mi nombre, desde lejos, desde más atrás o más acá o más allá. Pero no me muevo, ni un poco. Sigo estando quieto, diciendo quién sabe qué cosa, porque todos me siguen mirando como si no pasara nada. El flash se apaga después de una eternidad y ahora el que ve soy yo, no ese que no era yo. Esta es mi voz, mis manos, mi ropa. Lanzo el cigarro al piso, termino de hablar. Creo que nadie lo notó.

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