lunes, marzo 26

Genética

(perdone lo cursi)

La chica le dirigió una mirada gélida. Él le dio un sorbo a su café alzando una ceja. Ella se mordió la lengua -literalmente- justo después de dejar su mocaccino en la mesa solo para evitar decir aún más cosas de las que luego se arrepentiría, porque sabía que eso ocurriría tarde o temprano si continuaba mirándolo. Era algo que iba en su genética, heredado de su madre. No podía evitar criticar y creer ser dueña de la verdad absoluta. Él, por su parte, clavó la vista en su vaso de café y luchó por guardarse lo que pensaba en favor de no agravar la situación. El punto de discusión era algo que iba en su sangre, no podía evitarlo. Su padre siempre se había llevado mejor con las mujeres y, como él, prácticamente sólo tenía amigas; sin embargo, eso no significaba que todas ellas fueran sus concubinas y que no era capaz de mantener una relación perfectamente monógama. Pero ella era testaruda, y él solía cansarse cuando las discusiones se prologaban por más de un par de minutos, así es que ambos guardaron silencio y desviaron la mirada, sin saber ya qué hacer.

-Lo siento -dijo ella, de pronto. Una hoja de color dorado se desprendió del árbol bajo el que se hallaban. Él dio un respingo.
-¿Eh?
-Lo siento, esto ha sido realmente estúpido... Mira, ¡mira a nuestro alrededor! Hace un frío exquisito, es otoño, estamos en un Starbucks, tenemos Marlboro's, y estamos juntos al fin. Después de todo, estamos acá. Así que perdona mi estupidez de niña pequeña y disfrutemos, ¿ya?
-Ay, cariño... -sonrió, negando con la cabeza- Te quiero.
-Yo también te quiero -dijo, alzando su café para brindar.

Él soltó una carcajada, chocó su vaso con el de ella y se apoyó sobre la mesa para estampar un beso en su mejilla. La genética podía ser una mierda, pensó, pero ellos podían conquistarla completamente si estaban juntos.

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