miércoles, octubre 12

Good times gonna come I

Esa tarde de noviembre decidió volver, al fin y después de muchísimo tiempo, al lugar donde se habían visto por primera vez. Atardecía. Escuchaba las olas del mar chocando contra la orilla mientras el viento sacudía violentamente su cabello, el sonido de los autos transitando por la carretera, alguna radio lejana, perdida entre los recovecos de esa tarde de lunes -y ella no debía estar allí, pero lo estaba-, y, como taladrando sus oídos, los latidos insistentes de su corazón, recordándole que ella aún existía, que todavía respiraba, que todavía caminaba, que después de todo lo ocurrido su vida había seguido su curso sin ningún inconveniente. Y dolía, y jodía, y era como una espina en el pie que le evitaba caminar bien, pero así había sucedido. Le hubiese gustado quedarse sentada, acostada, tirada, en medio de la nada -de la nada de su cuarto, tal vez-, mirando el paisaje nocturno que se dibujaba tras sus ojos cuando los cerraba, merodeando por callejones de antaño con olor a mar... sin embargo, las cosas no funcionaban así y la vida seguía, y la obligaba a seguir a ella, por más espinas que invadieran sus pies, sin importar que cada vez que daba un paso adelante parecía querer dar cinco pasos hacia atrás (ella daba dos pasos hacia delante, daba dos pasos hacia atrás).

Se sentó en el borde del murallón, con los pies colgando a unos tres metros de la arena. Sus manos, congeladas, temblaban descontroladamente una sobre otra. El viento costero hacía que sus ojos ardieran y le arrancaba lágrimas agridulces que no sabía ya si eran realmente producto del viento o de todo lo que comenzaba a explotar dentro suyo, todo eso que había guardado minuciosamente durante meses y que ahora, en contra de su voluntad, comenzaba a escapársele de las manos estrepitosamente, mientras ella, en un vano intento de mantenerlo todo 'en su lugar', lanzaba gritos desesperados que nadie más que ella misma podía oír y que, por más que se dijera lo contrario, no servían de nada para ocultar las cosas que su alma parecía querer sacar a relucir en todo su esplendor. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había llegado allí. De un momento a otro sus movimientos habían pasado a ser extremadamente lentos y el atardecer se había transformado en noche -más por la mera intención de burlarse de ella y su queja ante el paso del tiempo que por aferrarse a la realidad de lo efímero del crepúsculo-, en una extraña contradicción que acentuaba el carácter transitorio de su propio ser en ese inmenso universo condicionado por el tiempo. Escuchó una voz lejana -o quizás cercana-, alguien o algo que intentaba decirle quién sabe qué. Sintió que tocaban su hombro.

-¿Te encuentras bien?
-¿Te conozco?
-Curiosa respuesta a la preocupación de un desconocido, ¿no crees?

Ella observó al sujeto con ojos entrecerrados, preguntándose de dónde diablos había salido. Le parecía haberlo visto en algún otro lado -¿colegio, quizás?-, pero probablemente esa lejana familiaridad era más parte de su imaginación más que de su realidad, pues, realmente, si lo hubiese visto alguna vez, con anterioridad, estaba completamente segura que podría recordar ese porte aristocrático y la sonrisa torcida de persona extremadamente amable/sociable que no tiene mayores reparos en entablar una conversación con cualquiera esté a su alrededor.

-No, no me conoces -añadió él, al ver que ella no diría nada.

La chica se apartó el cabello de la cara para observarlo con mayor detención e hizo amago de ponerse de pie para irse a un lugar tranquilo donde no existiera ningún extraño que la molestara con preguntas de esa naturaleza, pero él, contrario a cualquier cosa que ella pudo haber imaginado en una situación como aquella, se atrevió a sentarse a su lado y a preguntarle, como si se conociesen de toda la vida y hablar en un lugar así con una persona que jamás había visto en su vida fuese lo más normal del mundo, por qué estaba allí. Ella arqueó las cejas, sorprendida, y pasó ambas manos por el pelo, solo para notar, extrañada, que éstas habían dejado de temblar. Él simplemente la miraba expectante, por lo que la chica pudo comprender, sin dejar de sorprenderse dentro de su falta de expresión, que él no se iría de allí hasta obtener alguna respuesta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ola, se que no me conoces pero e seguido tu ultima historia sobre el personaje de sirius black en potterfics y me preguntaba si pensabas continuarla, espero k asi sea ya k es un gran historia, escribes de maravilla. se que pensaras que quiza soy alguna especie de friki o algo por el estilo pero no tienes xk temerme, simplemente soy alguien k admira tu trabajo.
mi mas cordial saludo, tu sincero admirador, Canuto :)