domingo, mayo 8



Nunca le dio importancia a los cumpleaños ni a ninguna fecha similar como Años Nuevos o Navidades. Su familia siempre le criticó eso, pero no había noche de fiesta en que no terminara encerrado en su cuarto con la cabeza enterrada en un libro de Bukowski -perfecto para fechas así, sin lugar a dudas. Por eso a ella, consciente de las costumbres que arrastraba desde pasados desgastados, le extrañó tanto que ese invierno llegara a su departamento con un paquete de regalo.

-¿Es eso un regalo, señor? -él no dijo nada, solo le tendió el paquetito y le sonrió- ¡Eh, me estás dando un regalo!
-Si lo repites me lo llevo -amenazó.

Ella se rió bajito y le dio un beso en la mejilla mientras tomaba el regalo y él se sentaba en un sofá a su lado. Se encendió un cigarrillo de menta y se dedicó a observarla abrir la cajita, pendiente de su reacción. Su mirada se encendió, ahogó un grito de sorpresa, el rostro se le iluminó y se mordió el labio mientras examinaba con detenimiento y los ojos llenos de lágrimas el pequeño carrusel de juguete que en medio segundo había logrado llevarla a los rincones más ocultos de su infancia, esa que tanto añoraba en tardes de frío como aquella. Él se puso de pie para rodear sus hombros con un brazo al tiempo que ella escondía la cabeza en su pecho y balbuceaba un 'gracias' infinito perdido entre sollozos de princesa.

Momentos más tarde, cuando ambos contaban anécdotas de infancia enredados en un edredón de pluma, en la cama grande, el pequeño carrusel giraba en la mesita de noche al ritmo de una canción de cuna, junto a fotografías de ambos a los seis años y un ejemplar de Bukowski.

1 comentario:

Pistacho dijo...

Me imagino un carrusel de cuatro caballitos, blancos, negros y cafés. Me encanta la esencia de tus relatos, ¡por favor no los cambies nunca!

¿Y cómo te fue en el ensayo de PSU? Yo iba a ir a reforzamiento de química, nos hubiésemos visto. Pero de floja me quedé dormida :(

Amo tu blog, con todas las letras.
Saludos :)