martes, enero 4

"M. habría de recordar ese día por el resto de su vida. Si lo maravilloso que lucía el cielo no era suficiente para crear una escena memorable, entonces las palabras que sus oídos captaban en ese momento se encargarían de grabar cada segundo en su piel y mente sin mayores dificultades. M. nunca había sido del tipo de personas que toman riesgos para vivir una vida con muchas aventuras e historias que contar a los nietos, jamás se había dado ánimos para intentar cosas nuevas y salir de esa rutina de la que tanto se quejaba; sin embargo, aquel día fue diferente. Se había despertado con una sola cosa en mente y planeaba hacer todo lo posible para conseguirlo. Tenía una corazonada, intuía que algo bueno sucedería y que ella debía ser quien diera el primer paso para lo que seguiría, para -estaba segura- lo extraordinario. Bastó una mirada al mar para que llenara un bolso con lo necesario, reuniera todo el dinero que poseía -no mucho-, hiciera unas cuantas llamadas y escribiera una carta a su compañera de casa para anunciarle que se marcharía. Así de simple. Sin despedidas dramáticas, sin noches en vela cuestionando la decisión, sin esa molesta sensación de ingratitud hacia quienes compartían un día a día con ella, sin la parafernalia típica de ocasiones como esa. Se iba. Se fue. No esperaba mucho de lo sucedido, bien podía morirse en el camino; no tenía idea de donde iba, simplemente había tomado la oportunidad que le habían ofrecido y se hallaba manejando camino al sur, preguntándose cuál era la mejor salida desde ese punto de la ciudad. Recordó, entonces, que quien le había dado la idea de marcharse le había obsequiado también un CD para el viaje, por si se aburría en el camino y quería escuchar un poco de buena música. Lo sacó de su bolso y se dispuso a oírlo, solo para descubrir que en realidad no contenía ni una sola canción, sino una grabación que la alentaba a dejar lo establecido, a disfrutar la vida de la manera más primitiva, a cumplir los sueños de adolescencia, echarse la sociedad en el bolsillo y emprender un camino sin rumbo simplemente porque sí, porque podía, porque aun era capaz de desligarse de las obligaciones sociales y tenía las agallas suficientes para dejarlo todo atrás. El cielo lucía espléndido. Era media tarde, el sol brillaba y las nubes parecían dibujadas con acuarela. Las palabras se inyectaron en sus venas y no se atrevió a mirar por el espejo retrovisor, no pudo voltear a ver lo que dejaba atrás. Quien hablaba en el CD tenía razón. No sabía donde iba, pero iba, y se iba lejos, a kilómetros de todo, que si bien nunca había sido una mierda en realidad no la llenaba, no la hacia sentirse viva, no le henchía el pecho de orgullo y alegría; quería sentir, quería buscar aquello que de verdad le removiera algo, y tenía la certeza de encontrarlo en algún punto, arriba de ese auto. No sacó el CD hasta llegar a la siguiente ciudad, después de seis horas de viaje. De pronto, el país que conocía como la palma de su mano se transformó en el itinerario más misterioso de todos, pues por primera vez no estaba segura de su destino y nunca le había parecido más fascinante."

1 comentario:

Tamystic dijo...

Que dure el impulso, pero espero que no para marchar :3