lunes, enero 31

He llegado a pensar que hay que creer en todo para que el universo funcione, y luego a darme contra mí misma y pensar que no, que no hay que creer en nada porque nada existe y nada jamás vale la pena. Lo cierto es, sin embargo, que si nadie creyera en nada realmente no tendríamos nada, y para volver a tener la magia entre mis manos, para volver a subir majestuosamente al Balcón, debería creer en todo, pues es la única forma de hacer que las cosas funcionen.

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