jueves, diciembre 23

Así que vamos a soñar esta noche, más que ninguna otra, porque es lo único que queda a estas alturas. Poca esperanza, pocas ilusiones y cantidades ínfimas de promesas cumplidas o cumpliéndose. Es lo que queda, qué se le va a hacer, ¡hay que aprovecharlo! ¡Soñemos, querida! Cerremos los ojos -o con los ojos abiertos si quiere-, sonriamos un poco y tomemos aire, imaginemos que estamos en un bosque de aquellos y creamos todo lo que nuestra mente nos está diciendo. Dejemos que los pensamientos vuelen y se desborden sin intentar controlarnos, sin avergonzarnos de los lugares a los que lleguen. Creamos que el sonido de allá afuera es en realidad la lluvia cayendo y llevándoselo todo, libertad líquida, purificación del alma -pero sin recomenzar, porque eso no existe. Empecemos, no de cero, sino mejor, mucho mejor, con todas las cosas que hemos aprendido, con todo lo que hemos establecido, con todo lo que hemos sentenciado y gritado y llorado y vivido. Que los sueños sean quienes guíen nuestro camino. Han habido errores, promesas rotas, quiebres... Pero el espejo sigue allí, ¿lo ves? El espejo sigue enfrente tuyo a pesar de todo lo que ha pasado. Y la llave... la llave de la casa sigue ahí, en el mismo lugar donde cada uno de nosotros la dejó la última vez, y espera que alguien la tome, abra la puerta y le quite un poco el polvo a los libros olvidados en la mesita del pasillo, ventile las habitaciones que quedaron medio destruidas, abra las ventanas, destape el cuadro del lobo aullando a la luna con un gato sentado junto a él, vuelva a tomar la guitarra que quedó en la sala y toque los acordes de alguna canción que hable de puertas que van al cielo; y luego, una vez que ese alguien caiga en la cuenta de que ese lugar ha estado allí todo este tiempo, sin importar lo que ha sucedido... se dará cuenta también de que el cielo y el mar siguen allí, y que siempre serán espejos. Y recitará, tal vez, alguna verso de algún poeta creacionista, alguna frase de cierta canción que garantiza, alguna cita de un autor casi enterrado en el olvido. Y no importará donde vaya después, no importará lo que suceda la próxima vez que cierre la puerta de la casa, porque siempre, en alguna parte oculta de sí mismo, sabrá que es allí donde puede llegar al final del día y, finalmente, descansar.

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