jueves, noviembre 25

Me voy a encerrar a ver Peter Pan tres veces seguidas, a leer El Principito y sentirme un poco como él, como un niño que no comprende a los adultos porque lo complican todo (y es tan simple dibujar una boa devorándose a otro animal), o como un ser de otro planeta que ama con locura una flor. Después voy a hacer una maratón con todas las películas de Harry Potter excluyendo la última, y si encuentro el VHS y las películas de Barbie, mucho mejor. Si me alcanza el tiempo, si todavía me faltan cosas para llenarme de infancia, entonces puede ser que saque alguno de los libros que leí entre quinto y octavo e intente verlos con la misma mentalidad de ese entonces, esa que no odia sin motivos a quienes le rodean ni siente el peso del sonido o de las voces de los demás mientras intenta escuchar la propia. A lo mejor me quedé entre todas esas películas y libros, entre los diálogos en Nunca Jamás y el barco del Capitán Garfio... Aunque es más factible que me haya quedado en las gradas del Campo de Quidditch durante la última prueba del Torneo de los Tres Magos. Me pregunto si aun sigo allí (para encontrarme y traerme de vuelta, digo yo).

1 comentario:

Tamystic dijo...

me gustaría saber en qué momento, exacto, surgió el odio a los humanos... tan grande. De seguro fue cuando nos desligamos del camino y luego observamos desde fuera. Viendo las idioteces cometidas, que en muchas ocasiones copiamos con el fin de buscar "otro modo" de hacer las cosas, el tradicional, el que a la gente ( esa gente ) le funciona. Puede que por eso los odiemos, por hacer todo tan putamente fácil. Y que nuestro universo se nos caiga a pedazos si lo intentamos con simpleza. Complejidad para nosotras ( y otras gentes )cariño :3