lunes, octubre 11

Se escapa, se escapa de mis manos -donde quizá nunca estuvo-, y lo veo caer en picada, caer en la peor posición de todas sin ver el suelo, cegado por nada, cegado por todo y todos y las voces y las palabras; y lo veo caer e intento alcanzarlo pero no puedo, no me alcanzan los brazos, son muy cortos, imposibles, inservibles, no puedo, y grito y pataleo pero nada, no pasa nada, porque va cayendo en picada y no escucha nada. Y todo se escapa de mis manos, es agua, es mar, es un poco de sal y no sé qué hacer con ello, nunca sé qué hacer con nada y me quedo esperando cómo pasa todo, como se aleja, pero ahora vuelo, vuelo lejos y caigo también en picada porque yo también quiero caer, no me quiero quedar en esta nada horrible que me ahoga cada día un poco más, prefiero caer a la nada, caer infinitamente con certeza de suelo y certeza de nada, caer hasta sentir que mis manos se evaporan junto a la velocidad, caer porque es bonito a veces, volar hacia abajo porque a veces no hay arriba. Así que caigo, y cae también, y de pronto todos caemos porque es lo mejor, es lo más caer, es lo más descender en picada y una sonrisa maligna, amarga y mínimamente resignada se asoma en la cara -¿qué se le va a hacer?, uno no se resigna pero de repente hay que caer. Let it fall, let it be.

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