miércoles, octubre 13

Comenzó a caminar hacia delante. No tenía idea qué había más allá, pero cualquier cosa era mejor que quedarse allí de pie mirando el horizonte sin moverse ni un poco siquiera. Sabía –o eso imaginaba- que no existía el tiempo allí. La caminata se hacía cada vez más larga, tal vez porque el mar no cambiaba y el sol seguía allí arriba burlándose de él, y las aves sobrevolando su cabeza con un canto monótono y fuerte, negándose casi a abandonarlo en su absurdo trayecto sin destino. No iba a detenerse hasta llegar a algún lugar, fuere cual fuere, abajo o arriba, de comodidad o de tortura, ¡no importaba dónde!, no le importaba si negro o blanco o azul o transparente o abstracto, quería llegar, quería llegar rápido y dejar de vagar sin destino, dejar de sentir que no avanzaba, dejar de sentir que era una burla del universo. Dejar de sentir que cada paso significaba un recuerdo más, que un metro más se veía como aquella vez que había gritado con todas sus fuerzas al atardecer, cerca del cielo; que otro metro representaba otra tarde, otra escena de antes, algo que se había dejado escondido tras lo que había visto metro antes, ese día absurdo en que lamentó muchas cosas y prometió no volver a hacerlo… El sol golpeando su cara plácidamente, la luna haciendo de cómplice, el viento removiendo sus ideas, su propia risa escapando involuntariamente de su boca.

1 comentario:

HeadOverHeels dijo...

Me fascinó. Sobre todo el final y esa sonrisa maligna escondida. Otro texto maravilloso. Eres genial :)