domingo, agosto 1

"He vivido muchas cosas durante mi existencia y no me arrepiento de ninguna de ellas. No soy perfecto, pero de cada experiencia he aprendido algo que ha contribuido a moldear lo que soy ahora y continuará haciéndolo hasta quién sabe cuándo.

Voy a contarle una historia, mademoiselle. No siempre fui el sujeto de la chaqueta de cuero que viaja por el mundo sin ataduras (pero eso ya está claro, cómo no). Alguna vez, cuando el techo que me cobijaba aun era sinónimo de los brazos de mamá, fui un joven impetuoso y apasionado, ansioso por comerme el universo de un solo bocado y pasar el resto de mis días disfrutando de su múltiple sabor. Supongo que todos los seres humanos pasan por etapas así. Para mí no había límites, y aunque ahora tampoco los hay, en ese tiempo la inocencia seguía anclada a mi pecho de tal manera que, a la larga, comprendí que vivía con una horrible venda en los ojos, con los brazos atados y los pies pegados al piso.

Nunca se lo dije, señorita, pero cuando la vi por primera vez me recordó a esa parte inocente y apasionada que creía extinta por completo. Tal vez fue por eso que le hablé (tengo tantas teorías al respecto). Usted consiguió que aflorasen muchas facetas que creía haber enterrado… Pero esa no es la historia que quiero contarle. Le voy a contar por qué insisto en mantener en pretérito las afirmaciones respecto a mi yo joven, el que a veces logro encontrar en sueños paseándose en mi subconsciente como si quisiera volver a mí. El comienzo se me hace un poco difuso, pero basta decir que conocí a una mujer, eso lo aclara todo. Era sencillamente perfecto a mis ojos inexpertos, todo lo que siempre había deseado pero que jamás logré esclarecer lo suficiente como para buscarlo. No tardé en encandilarme con la majestuosidad de los primeros tiempos… usted sabe, mademoiselle, las primeras caminatas, las primeras caricias… encuentros ilusos que nos parecen fantásticos únicamente por falta de experiencia, nada más. Ella destrozó la venda que llevaba en los ojos y procuró que no volviera a cubrirme jamás. Había un mundo más allá de la falsa libertad en la que vivía, la que creía que gozaba. Existía la desolación, la miseria, el dolor, el rechazo, y por sobre todo, existía un universo lleno de nuevas sensaciones esperándome, aguardando impacientes mi abrupta llegada, el momento preciso de. Todas esas experiencias que podrían resultar nefastas para cualquiera en realidad eran extremadamente tentadoras a mis ojos. De alguna manera parecía que estaba con ella para sufrir, para continuar descubriendo ese mundo nuevo… Pero ella no pudo soportarme sin la venda, por supuesto que no. Yo había despertado y de pronto comenzó a aflorar en mis ojos y en mi frente la semilla de quien soy en este momento, ¡no había nada ni nadie que pudiera detenerlo!, y a decir verdad tampoco deseaba que se detuviera, ¿para qué? ¡Un mundo nuevo e imperfecto se tendía ante mí, esperándome! Y yo atado a ella… Mentiría si dijera que fui yo quien la dejó, pues en realidad no es lo importante. Aunque me cueste admitirlo, ella desenterró los cimientos de lo que soy con su comportamiento durante la última etapa de lo que fuimos, y sería cínico si negara que me enseñó mucho más de lo que jamás creí. Me resta misterio, ¿no?

Quise contarle todo esto antes de decirle lo que tuve en mente cuando comencé a escribir esta carta. Mademoiselle, el resto de mi historia no merece ser contada, es un bache dentro de mi camino, pero si fue esa mujer quien me quitó la venda y me despertó, usted fue la que me revivió y eclipsó todo lo demás. Tal vez no le importe, tal vez ya no sea útil… Usted se apareció en mi camino con una mente en bruto y fue eso mismo lo que nos dejó a ambos en el estado actual. Usted estaba en el mismo punto que yo cuando la conocí a ella, lo supe por la mirada, por las palabras que dijo bajo la lluvia, ¡sus ojos pedían a gritos auxilio! Y luego, cuando la dejé atrás fuera de su casa, supe que yo también necesitaba ayuda, su ayuda. Usted me salvó dos veces, mademoiselle, y ninguno de nosotros lo supo con toda certeza en el momento. Encontrarla por primera vez fue, ahora descubro, un recordatorio de mi verdadera misión, el indicio de que había más seres con vendas en los ojos esperando a ser destrozadas (y la suya, aunque no lo crea, no necesitaba más que un suave toque para caer). El encuentro en este lugar, este café, fue decisivo. Si usted no hubiera aparecido, me habría extraviado sin remedio, me habría ahogado en mi propio océano de autosuficiencia, pues cuando usted llegó por segunda vez estaba a punto de desistir, de rendirme. Pero su presencia me demostró que mi camino estaba unido al suyo, que nada era inútil.

¡Tengo mucho que agradecerle! Me gustaría hacerlo en este momento, no sabe cuánto daría por estar ahora a su lado para verla leer este montoncito de hojas sentada en la tercera mesa de la ventana (porque sé que está ahí), tomándose un café, echando de vez en cuando un vistazo afuera en busca de mi motocicleta. Pero no llegará, perdóneme, se lo ruego. Hace unos días desperté cual Romeo Montesco, ¿sabe usted? La reina Mab me había visitado, aparentemente; tenía el mismo oscuro presentimiento que tuvo el desgraciado amante antes de conocer a la joven Capuleto: 'Mi ánimo teme alguna consecuencia que, todavía pendiente de las estrellas, comenzará durante su temible tiempo con los festejos de esta noche, llevando a su término una vida despreciada que se encierra en mi pecho, por algún cruel destrozo de muerte prematura'. Y no me he equivocado. Mi camino cambiará pronto, mademoiselle. Si está leyendo esto es porque pedí que se lo entregaran únicamente cuando mis labios dejaran de ser capaces de susurrar frases de Thoreau entre el viento y el cantar de los árboles. No sé dónde estoy ahora. Detengo mi peregrinaje con la certeza de seguir en sus brazos como aquella noche en el bosque, pues sé que jamás me soltará. Sé que nos volveremos a ver, que nos volveremos a encontrar, estoy seguro. Yo velaré sus sueños para siempre, estaré entre los prados que se adueñan de su subconsciente durante las horas de vigilia, me quedaré siempre a su lado para celar sus pensamientos y deseos. ¡No se podrá deshacer de mí, pues si en realidad quisiera usted hacerlo no le estaría diciendo que nunca la abandonaré! El lazo rojo que nos une es eterno (como usted, como yo).

(je t'aime, mlle)

Hasta pronto, mademoiselle.

Now I walk the path of the sky meeting the earth."

1 comentario:

Rose Seller Girl dijo...

Perfect... just that