jueves, junio 24

Detalles


Un poco -o mucho- de Celine en esta mezcla física de magia, fortaleza secreta y enigmas sin solución; el remolino corporal de pensamientos sin relación mutua que conllevan a teorías magníficas y palabras carentes de sentido, emociones en conserva para análisis posteriores de naturalezas desconocidas, siempre obvios, siempre irracionales, extranjeros, críticos, irónicos, tímidos -porque se cuestiona la validez de la pregunta, ¿es que acaso debe realizarse?.

La predilección por los detalles de quienes caminan a tu lado, a mi lado, por un tiempo, los mismos detalles que se aprecian y archivan en medio del camino, entre sucesos que en algún momento pasarán a formar parte de la historia personal, quiérase o no. Y es esa predilección la que dirige a los síntomas de añoranza y nostalgia, a la acción misma de mirar atrás y querer que todo sea así, que vuelva a repetirse. Es el aprecio por los detalles lo que me conduce directamente a extrañar, echar de menos algún tono de voz colándose travieso por mis oídos, alguna sonrisa tímida llenando mi mente, los labios cálidos posándose en la mejilla de hielo, la risa estridente resonando por los pasillos (y escucharla a veces en el más puro silencio), alguna mirada inocente -de perdóname, de te quiero, de no sé qué hacer- abriéndose paso por el aire hasta aterrizar en la mía, y, claro, aquel instante ajeno a toda realidad y mundo, racionalidad o ley física. Son los detalles, los preciosos detalles quienes se agitan y colisionan unos con otros, salvajes, impacientes, a la espera del más mínimo momento de descuido o debilidad para perderse dentro de mi memoria y sacar al exerior un mosaico de añoranzas que acaban dando vida a seres inexistentes, fruto de los detalles, los jodidos detalles relacionados con los caminantes, los que se han ido y no volverán, los que siempre regresan porque tal es su misión. Son los detalles los que trastornan, los que rompen el precario equilibrio de mentes complejas y apasionadas, mentes que retienen todo, que jamás olvidan, que resguardan celosamente a corazones salvajes (que no se rompen), que desvarían con naturalidad entre el exuberante ruido y las rutinas decadentes, casi caducas.

Son los detalles archivados en la mente, en el corazón (si es que existe, porque se sabe claramente que a veces le da por marcharse lejos y no volver en un buen tiempo; o bien, si vuelve, lo hace en pésimas condiciones, congelado, algo magullado y renuente a cooperar), en cajones de roble, escritos en papel de plata con tinta de monarca, quienes flotan sobre las cabezas aguardando el momento exacto para aterrizar sin piedad en cualquier lugar. Se reemplaza la presencia física, se cubre la ausencia misma, al abusar de los detalles tan perfectamente conservados, tan escondidos y tan completos, tan puros que el término no es suficiente. Todo se presenta con espontaneidad, tal como es, desde la mejor perspectiva de todas: la de quien posee consciencia de los hechos. Y allí se oculta todo, pasado, presente futuro; todo lo que necsitamos, todo lo que buscamos tan afanadamente aunque esté allí mismo: en los detalles de Celine, las sonrisas y miradas de antaño, lo que pasa anuestra historia. Busca, pues, navegador de recuerdos, caminante de praderas de memorias, busca allí, ¡tú ya sabes dónde! Todo lo que buscas está en ti.

No hay comentarios: