jueves, abril 29

Prólogo



“Lo que es muy difícil de comprender por los hombres es su ignorancia con respecto a ellos mismos.”

Cabe mencionar que lo que se relatará en las siguientes líneas no es real. O tal vez sí. No, realmente eso es algo que no podría aseguraros. Para mí lo fue, lo ha sido y lo es hasta hoy, pero quizá para el que lee a Nietzsche y se proclama a sí mismo como un exponente vívido del concepto de superhombre, profesando a la vez una fe católica inquebrantable y rezando cada noche tres ‘Padres Nuestros’… Se entiende el punto. Sea como sea, os invito a tomar una rosa, apoyar el dedo en las espinas y disfrutar del dolor, del carmín de la sangre y el ardor posterior; os invito a darle la mano al extraño de la esquina que os mira sonriente, ansioso, esperando una limosna o tal vez una sonrisa sincera, de esas que no ha recibido en años. Os invito, espíritus errantes, a cerrar los sentidos ante la vanidad del ser humano y abrir la mente, el cuerpo y el alma a lo que se deja apreciar a través de las ventanas de las cajas de cemento, el lienzo uniforme de tonos grisáceos-azulinos-oscuros cubriendo cabezas gachas que no hacen más que buscar abajo. Os invito a tomar la motocicleta de combustible eterno, deshacerse del paraguas, tragarse las despedidas, sonreír a lo desconocido, abrazar lo inesperado. Os invito a volar.

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