jueves, febrero 4

Las palabras precisas. La actitud exacta, el momento perfecto, el ánimo adecuado. Incondicional, no hay excusas ni quejas, nada, jamás. Siempre, siempre allí porque alguna vez lo dije, porque me atreví a pronunciar una frase de un grupo inglés que se grabó en la eternidad de un híbrido de mejor memoria que esta bruja perdida entre cinco dimensiones. Y no olvidaré, no, señor, no podría, no querría, no sería lo mejor para nadie... Quedaría varado en medio del océano camino a un lugar onírico, en un precario bote, intentando ver más allá de la nieblina que se extiende frente a sus ojos, alargando la mano derecha en un vano intento de sentir unos dedos escalofriantemente similares a los suyos, buscando rescate, buscando a alguien que comprenda que está detenido, que necesita avanzar y salir de esa estúpida nieblina que sólo dificulta su andar. No, no podría olvidar. Porque esta bruja tendría que ser la dueña de la mano que atraviesa la bruma para tomar la suya, porque este ser atrapado entre dimensiones es capaz de pronunciar un hechizo lo suficientemente fuerte para que todo se aleje, para devolverlo al camino que merece, al lugar de origen. Y es extraño, ¿sabe usted? Porque las preguntas y las dudas que solían aparecerse en mi cabeza antes, con palabras de ese tipo, de pronto se han disipado completamente y ahora lo entiendo todo, y soy capaz de permanecer allí simplemente porque sí, porque lo dije -casi prometí-, porque puedo hacerlo y ya. No es necesario que le busque explicaciones, no debería hacerlo siquiera. Estoy allí. Y usted no podría estarlo, porque no va en su naturaleza... pero basta con que vuelva, con que recuerde, con que esté conciente de que yo sí lo estoy. Con eso... con eso basta, señor hombre lobo. Y no importa cuán atrapada esté en los ojos de un extraño, porque un completo desconocido jamás podría pedirme que me quede con él y nunca lo suelte...

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