viernes, junio 20


Déjenme quedarme en cama hoy, con las cortinas cerradas y el aroma a incienso recién apagado impregnado en la habitación. Quiero estar tirada encima del edredón de plumas, con los brazos a los lados y la mirada perdida en la pantalla de la computadora que se enciende en blanco cada diez segundos... Déjenme no comer durante un día, sobrevivir este sábado a base de agua y aire. Déjenme ser lo menos extrovertida posible, menos de lo que ya soy... Déjenme... porque hoy no me esforzaré en responder de buena forma, no me esforzaré para sonreír falsamente, no me esforzaré para que la risa parezca real... Déjenme en mi cuarto porque hoy no estoy apta para interactuar con otros seres humanos, porque -aparte de mi humor- hay algo que no quiero que los demás sepan, pensamientos que intento guardar totalmente dentro de mi cabeza, cosas que no quiero exteriorizar... Y me conozco... sé que si interactúo con alguien a quien le tenga la mínima confianza acabaré diciéndole todo... No quiero confesarlo, es algo de lo que me avergüenzo.

Déjenme en mi cama, con el edredón azul de plumas de pato y los almohadones con fondo celeste. Déjenme mirando la pantalla en blanco fijamente, con los cuadernos y libros en el suelo y con el polvo que se juntó durante la semana. Déjenme... porque esta habitación es lo más cercano que tengo a una isla desierta. Déjenme, porque hoy puedo hacer o decir cosas de las que después -seguro- me arrepentiré. Hoy no me toquen, no me hablen, no me miren... Hoy no soy yo. Hoy estoy sola, en mi habitación, en mi isla desierta, y pido que no me saquen de acá. Al menos no por hoy.

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