sábado, junio 14

...Ahí viene el conejito



"Cuando siento que voy a vomitar un conejito, me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. [...] Entre el primero y el segundo piso, Andreé, (...) supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, solo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte."

-Julio Cortázar, "Carta a una señorita en París", Bestiario.

Vomitar conejitos: así le he llamado a mi necesidad de decir lo que siento. "Ahí viene, se asoma... Es inevitable, ¡demonios!". Desde hace poco más de siete meses no soy capaz realmente de guardarme lo que pienso, y de verdad eso -a veces, sólo a veces- me molesta. A ver, hoy día, hace poco, he vomitado un conejito. Y no me gustó, no fue tan blanco y adorable como creí que sería... Quizás el hecho de que últimamente vomite conejitos se deba a mi inestabilidad senti-mental, la cual realmente no tiene mucha razón de ser...
¿Qué quiero saber hoy? Porque sí, como de costumbre tengo otra interrogante por responder, ¿será que el ser humano -o al menos las yo- vive de preguntas? Já, y allí va otra... Pues lo que quiero saber es qué diablos hago... aunque sé que aunque sepa qué hacer, no podré hacerlo -es obvio-. ¿Hay algo más que pueda hacer respecto a esto? ¿Acaso debo continuar "arrastrándome", hasta llegar al origen de todo esto?... Whatever, quiero respuestas...
No quiero seguir vomitando conejitos, para mí no es algo tan placentero como lo es para el hombre que le escribe a Andreé. Mis conejitos no son blancos, al menos no tanto... y me recuerdan a mi conejito R.I.P.
En fin...

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