lunes, enero 28



¿Dónde estás, Jack?

Yo siempre quise a Jack. Y cuando digo “siempre” no exagero. Lo conocí cuando él acababa de llegar a Silkeborg, con unos ocho o nueve años de edad. Se mudó a una granja frente a la mía, y, cuando lo vi entrar a su casa con su perro, un algo se encendió dentro de mí y comencé a quererlo con la ternura característica de una niña de ocho años. Entró a la misma escuela que yo y, al pasar a secundaria, asistimos nuevamente al mismo lugar. Sin embargo, su estadía en secundaria fue mínima… Hizo el séptimo grado y, a fines de octavo, desapareció. Sí, desapareció. A fines de mayo, cuando faltaba poco más de un mes para acabar el año escolar, Jack desapareció. Dejó de asistir a clases y ya ni siquiera estaba en casa. Sus padres también habían desaparecido, así es que la mayor parte de sus conocidos pensó que se habían ido del país por motivos personales… Pero yo nunca creí verdaderamente toda esa palabrería de que el ojiverde y sus padres hubiesen dejado el país por motivos personales, pues sabía perfectamente que la familia Redfield era muy feliz en Dinamarca. Desde el día en que Jack dejó de ir al colegio, supe que algo andaba terriblemente mal… Y es que siempre tuve la extraña capacidad de saber cuándo él estaba en problemas o algo parecido. Porque Jacob Redfield fue, para mí, el primer amor… Aunque, claro, el jamás me tomase en cuenta. Es que él siempre estaba aislado de los demás, solo… Cuando charlaba con un grupo de personas, a pesar de que todos lo veían compartiendo con los demás, yo lo notaba ausente, como si, en realidad, formase parte de un mundo muy diferente al nuestro. Las pocas veces que charlamos –y que, por supuesto, fueron estrictamente “escolares”- me parecía estar hablando con una persona especial, diferente, tal vez poderosa… Siempre tuve una extraña sensación cuando estaba cerca de él. Sentía que un extraño calor emanaba de su cuerpo, pero supongo que era porque de verdad sentía algo fuerte por él…

¿Saben? Yo aún amo a Jack. Sí, lo amo. A pesar de que haya desaparecido hace ya más de cuatro años, a pesar de que ya este año termine la secundaria, a pesar de que ya debería haberlo olvidado… A veces tengo la sensación de que lo veré llegar en bicicleta a su casa al atardecer, como solía hacer cada tarde después del colegio. A veces me parece oír ladrar a Joker, como si Jack hubiese llegado una vez más a casa; a veces me parece ver al alto rubio tocando la guitarra en el pórtico de su casa… Nunca pensé que lo extrañaría tanto, tal vez porque jamás me planteé la idea de que pudiese desaparecer de un día para otro, pues siempre pensé que me quedaban aún cinco años junto a él, en el mismo lugar cada año durante nueve meses. Me tomó por sorpresa su desaparición, su supuesta muerte… Porque yo sé que él no está muerto, sé que está vivo en alguna parte… No sé dónde, pero sé que lo está. A veces sueño que está en un mundo con tres soles, tres lunas y criaturas fantásticas; que él es un dragón y que lo acompañan una serpiente y un unicornio… Pero, claro, al recordar mi sueño me río de mí misma, porque sé que todo eso no existe. Además está el pequeño gran detalle de que lo sueño acompañado de una serpiente, y encontrar a Jack junto a una de esas criaturas es algo relativamente imposible. Sin embargo, el unicornio de mi sueño es hermoso… Lo sé, sueño estúpido, pero así es Jack en mi mente: poderoso, importante, único… Quizás lo idolatro demasiado, pero así lo siento yo. Me pregunto dónde estará…

...
Cuando acabe el colegio pondré en marcha mi viaje… Lo encontraré y lo sé, tarde o temprano. Y cuando lo encuentre lo observaré desde lejos, o quizás me abalance sobre sus brazos, diciéndole que lo amo… No lo tengo claro, en realidad. Pero sí tengo claro que lo encontraré y le hablaré, dejaré atrás mis temores de niñita y me atreveré a entablar una conversación decente con él, sin importar en qué condiciones se encuentre. Porque, claro, cabe la posibilidad de que lo encuentre con pareja e hijos, pues uno nunca sabe el camino que puede tomar una persona cuando deja de verla. Puede que lo encuentre con el cabello teñido de negro… No, no creo que haya teñido aquellos hermosos cabellos rubios. Y, aunque su apariencia física haya cambiado, lo sabré reconocer por aquellos verdes ojos intensos que aún me parece ver en sueños… Lo encontraré, lo sé, y dejaré de preguntarme, como un cachorro asustado, “¿Dónde estás, Jack?”... No me importan las circunstancias en las que esté… Porque yo a ver a Jack Redfield.

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