martes, mayo 10

The best way I can love you is by not losing myself in you, but growing with you.

viernes, enero 1

Mapamundi

Cuando era pequeño, decidió que su objeto favorito en todo el mundo eran los mapas. Cierto día su abuelo llegó a casa con un antiguo mapa dibujado en cuero, no solo de América sino que de todos los continentes, incluyendo la Antártica (algo de lo que no se enteró hasta verlo allí, en el extremo del rústico mapamundi casi como si no estuviera realmente). Pasaba tardes enteras viajando con el dedo índice entre los relieves y texturas, siempre bajo la contagiosa risa del abuelo y una taza humeante de chocolate caliente. Al llegar el fin del invierno había marcado más de cincuenta lugares que pretendía visitar junto con el abuelo, cuando fuera grande y tuviera un automóvil idéntico al que aparecía en una fotografía que él tenía en su mesita de noche. Recorrer Europa, conocer cada rincón de América del Sur y bucear en el  Caribe: el abuelo nunca puso límites, y él mismo no conocía aún el significado de esa palabra. Pronto las paredes de su cuarto estuvieron llenas de mapas de distinto tipo, actuales y medievales, políticos y físicos, grandes y pequeños. Quería ser explorador, y se imaginaba manejando por las carreteras del mundo junto a la infinita risa de su abuelo, la música de Frank Sinatra y el aroma de los rollitos de canela en el asiento trasero, los favoritos de ambos.

Pero cuando comenzó a llegar el verano su padre decidió que debía concentrarse en algo más productivo que hacer viajes imaginarios por lugares a los que nunca iría, y le regaló libros de matemáticas, de historia, de ciencias. Él se vio obligado a remplazar las tardes junto al abuelo por semanas enteras repasando las clases después de la escuela. Y en algún momento, sin darse cuenta, se vio a sí mismo rechazando las invitaciones del abuelo a viajar por el mundo, prefiriendo quedarse en la biblioteca para no fallarle a papá. Tenía nueve años, y pasó mucho tiempo hasta que volvió a probar rollitos de canela.

Las estaciones y los años siguieron su curso hasta que llegó el otoño. Durante un descanso largo, su padre lo envió a pasar el fin de semana en casa de su hermano mayor, que se había ido de casa cuando él tenía cinco. Cuando volvió a casa se encontró con las paredes de su cuarto completamente vacías. No quedaba ni un solo mapa, y el primero, el de cuero, descansaba torpemente enrollado encima de la cama. Escuchó los pasos de su madre en la escalera. Cuando se volteó a verle supo que algo andaba mal. Vestía completamente de negro, y lo único que le dijo antes de marcharse llorando fue que se pusiera su traje negro y que fuera a la sala lo más pronto posible. El abuelo había muerto. Tenía ochenta y siente años, y él apenas once. Pero después de esa tarde, decidió que todos los planes de viajes y aventuras habían sido una gran mentira, y que no valía la pena seguir perdiendo su tiempo en asuntos que nunca ocurrirían de todos modos. Su padre siempre había querido que fuera profesor de Historia, tal como él, y supo que ese sería su objetivo a partir de ese momento. Nunca más escuchó a Frank Sinatra, ni pidió rollitos de canela al salir a comer. Y, después de un frío invierno en que su madre no hizo chocolate caliente ni una sola vez y dejó de esperar el sonido de una risa contagiosa, olvidó al abuelo como si se tratase de un mal recuerdo.

miércoles, septiembre 23

El miedo a la página en blanco: tocar la inmensidad de posibilidades con la punta de los dedos, sentir la amenaza latente de lo que ya no está, lo que se ha perdido entre palabras no dichas e historias sin contar. En la esquina superior acecha la evidencia de lo que ya no soy -de lo que no volvería a ser, pero que, sin embargo, se rehúsa a dejarme en paz; me vigila en sueños, me golpea desde el fondo de mis recuerdos para derrotarme en el momento menos esperado. No soy lo que fui, no quiero volver a serlo, pero cómo duele... cómo duele haberme perdido, cómo duele la certeza de que la magia se la llevaron ellos, se quedó en esa noche eterna de océanos indomables y casas que aún hoy se caen a pedazos; cómo duele no ser posible todavía de abrazar por completo este nuevo tipo de magia. Puedo sentirla, a veces, fluyendo desde la punta de mis dedos, intentando transmitirse a otro cuerpo, a otro ser que pueda recibirla, pero no llega, no alcanza, no se puede. ¿Será que no es suficiente? ¿Será que le falta luz? ¿Será que necesita más energía? ¿Será que no existe? Tengo algo atascado aquí adentro que lucha por salir, pero se queda atrapado entre quién sabe qué cosas, qué tipo de redes que impiden torpemente su consumación. Tengo algo en la punta de la lengua que se pierde entre todo lo que digo, huye despavorido ante la posibilidad de ver la luz -¿o la oscuridad?. La página en blanco, o la soledad misma, la habitación vacía y el departamento como ausencia absoluta, como el lugar en que se hace más evidente que no está aquí, conmigo, iluminándome con su propia luz siempre azulina. El sofá vacío y la soledad. Sola es recordar que me falta algo, que a pesar de hay algo que continúa insistiendo en estar ausente. Sola es no poder mirar hacia adelante, o hacia ahora, y perderme inútilmente en lo que ya no fue, en lo que precisamente me amarra y me hunde en aguas turbias, inquietas. Sola es comprobar que esa playa también tiene una noche: el sol también se esconde, y con la luna siempre llena ya no llega la energía inmensamente vivificadora de antes, sino que siempre -desde entonces- la inquietud, el miedo, la desesperación.

¿Me ves, realmente? ¿Entiendes lo que digo cuando lo digo? ¿Cómo lo explico si esta es la única forma de decirlo?

domingo, enero 11

Don’t you know that love isn’t just going to bed? Love isn’t an act, it’s a whole life. It’s staying with her now because she needs you; it’s knowing you and she will still care about each other when sex and daydreams, fights and futures — when all that’s on the shelf and done with. Love — why, I’ll tell you what love is: it’s you at seventy-five and her at seventy-one, each of you listening for the other’s step in the next room, each afraid that a sudden silence, a sudden cry, could mean a lifetime’s talk is over.
— Brian Moore

domingo, julio 13

"What is hell? Hell is oneself.
Hell is alone, the other figures in it 
Merely projections. There is nothing to escape from 
And nothing to escape to. One is always alone.”

― T.S. Eliot 

jueves, junio 26

Vamos a morir en una vorágine de arte sin sentido clamando que se está simbolizando la caída del sentido de la vida.

martes, marzo 11

Prolegómeno

Tal como en las películas, cuando se puso de puntitas para alcanzar la caja que estaba encima del estante, un libro completamente cubierto de polvo cayó abierto justo a sus pies. Se inclinó a regañadientes para poder alcanzarlo, pero al levantarlo un sobre amarillento se deslizó fuera de sus páginas hasta llegar al suelo, llamando su atención por la caligrafía desordenada y cursiva en la solapa que rezaba "epílogo". Dentro del sobre había un montoncito de papeles pequeños con frases aparentemente azarosas de diferentes poetas y escritores, mientras que una carta escrita en hoja azul parecía ser el contenido principal que escondía el libro empolvado. Preguntándose quién podría haber dejado eso allí, comenzó a leer.

"Esto es todo lo que puedo escribir. Me has dejado completamente vacía, ya no existe nada que  mis dedos quieran traducir en letras, nada que esas letras puedan contener sin hundirse en la oscuridad a mi lado. La tinta se niega a correr por mis manos. Si antes una hoja de papel desnuda significaba la aventura más excitante que podía emprender, ahora se ha convertido en el peor de mis miedos, en un desafío que durante años no me vi dispuesta a tomar. Las cosas no han cambiado mucho. En el fondo, no soy más que los despojos de lo que hiciste de mí, no soy más que las ruinas de todo lo que construimos juntos y los mundos que se vinieron abajo cuando te fuiste. El mar todavía aúlla por tu ausencia. Tengo enterrado en el alma el sonido de las olas rompiendo en la orilla, rompiendo mi cuerpo, destrozando todo a su paso -a mí, la única que se quedó frente al mar aquél plenilunio. Esto es todo lo que puedo escribir, es lo único que conozco. No tengo más historias que contar. Alguna vez me dijiste que si deseaba escribir viviera aventuras, que saliera a conocer el mundo y dejara de lado ese adormecimiento en el que vivía. Pues no es necesario recorrer el mundo entero en busca de experiencias nuevas para poder escribir. A veces solo basta con que te rompan el corazón y verás como de pronto la oscuridad que se apodera de ti se transforma poco a poco en letras. Decías que escribiera sobre algo que conociera, así todos entenderían a qué me refería y no terminaba siendo simplemente arte abstracto en poesía. Esto es lo que conozco, no tengo nada más. Esta es la única historia que puedo contar. Y quizás, ¿por qué no?, si lo escribo, finalmente alguien logre entender por qué, después de todo este tiempo, una parte de mí sigue de pie frente al mar mientras arrasa con todos nuestros sueños; por qué, después de cuatro años, aún me parece como si hubiera sido ayer que todo se hizo añicos"