jueves, agosto 17

#31 Retrogradeando II

Mis canales comunicacionales están un poco bloqueados, medio tapados con ansiedad e impaciencia y ganas de estar en otra parte. Tengo muchas ganas de decir muchas cosas que sé que no debería decir, porque no son las cosas que realmente siento; es pasajero, es algo que pasa por la cuenta regresiva, los eclipses y los mercurios retrógrados. No es algo que pueda controlar. Siento realmente que esto va más allá de mí. Los líos me los creo solita, nadie anda por ahí tirándome enredos o nudos. Ni siquiera tengo las ganas de hacer algo para desahogarme, es casi como si quisiera quedarme enojada. No es una sensación muy agradable que digamos, pero ya pasará, así como pasa todo. Estoy aquí, al fin y al cabo. Y hay cosas que tengo que hacer aunque mi cuerpo y mi mente no quieran. La vida sigue. El show debe continuar.

miércoles, agosto 16

Poema 315

Emily Dickinson

Juguetea con tu Alma
Como un Pianista con las Teclas
Antes de Arrancarse con una Melodía-
(él) Te asombra poco a poco-
Prepara tu Naturaleza frágil
Para el sonar Etéreo de la Trompeta
Con Armonías más suaves -escuchadas de lejos-
Luego más cerca -Y después tan lentas
Que la respiración tiene tiempo de recuperarse-
El Cerebro -de esponjarse y Templarse-
Asesta -un Único -imperioso -Trueno-
Que escalpa tu Alma desnuda-

Cuando los Vientos apresan los Bosques  con sus Garras-
El Universo -queda inmóvil-

miércoles, agosto 2

Instrucciones para tomar un vuelo a Antofagasta

Dedicado a Belén,
para que pueda llegar al aeropuerto
y no se pierda en la odisea de tomar el avión al norte.

            El primer paso para tomar un avión de Santiago a Antofagasta es salir de tu casa rumbo a alguna de las paradas de buses que van al aeropuerto (Centropuerto y Turbus). Puedes tomar alguna micro que te lleve al terminal de Turbus o a Pajaritos, aunque te recomiendo tomar la micro hasta Plaza Egaña y de ahí ir hacia USACH o Pajaritos. En USACH solo pasan los buses de Turbus, y si eliges esta opción tienes que ir hasta el fondo de los andenes y comprar el boleto en la  ventanilla, que vale alrededor de 1700 pesos. La otra opción es Pajaritos, donde pasan los dos buses. Nunca he viajado en Centropuerto, por eso te recomiendo el de Turbus –además la diferencia de precio es de cien pesos nada más.
            El bus se demora alrededor de media hora en llegar al aeropuerto. Como te vas un día miércoles en la mañana, no va a haber mucho taco y seguramente no te vas a demorar tanto en llegar. El bus te va a dejar en las puertas del aeropuerto, justo al medio. Una vez que te bajes, camina hacia las puertas que están hacia tu derecha, para entrar más cerca del lugar donde tienes que ingresar al vuelo, o bien entra por la más cercana y luego camina hacia la derecha por dentro del aeropuerto. Vas a pasar por los mesones de LAN, Sky y LAW, que está a mano derecha. Cuando terminan los mesones, hay un sector donde hay muchas sillas, una tienda de discos y un Telepizza. En ese sector también hay un pilar con una pantalla donde aparecen los vuelos con su número de vuelo correspondiente, que depende de cada aerolínea, pero en el caso de Sky debería ser “Sky 134”, por ejemplo. Además de este número, aparece el horario de salida, y el número de puerta de embarque a la que debes acercarte para subir al avión. Recuerda este número, pero no te pongas ansiosa si se te olvida, porque más adelante hay otras pantallas con la misma información.
            Camina un poco más hacia al frente, y luego, a tu derecha, encontrarás unas puertas corredizas con marco negro. Detrás de ellas está el sector del detector de metales. Aquí es donde debes despedirte de quien fue a dejarte. Tómate unos minutos para hacerlo y poder mostrarle tu emoción a alguien –libérate antes del vuelo. Una vez que te hayas despedido, ingresa al sector del detector de metales y espera en la fila. Para hacer que este momento sea más rápido, asegúrate de guardar tus aros y tu celular en el bolso, porque esos objetos suenan cuando pasas por el detector. Antes de pasar al detector, debes mostrar tu tarjeta de embarque al funcionario del aeropuerto que está donde termina la fila, justo antes de pasar a los detectores. Allí, la persona te dirá a qué detector debes pasar, de acuerdo a tu  vuelo. Cuando llegue tu turno, debes sacar una bandeja gris que está debajo del mesón y poner todas tus cosas allí. Luego debes llevarla hasta la cinta transportadora y pasar por el arco detector de metales cuando la persona que está al otro lado te lo indique. Seguramente no va a sonar, pero si suena, solo debes extender tus brazos y la persona a cargo te examinará con una especie de pala que detecta metales –es solo parte del protocolo. Para pasar bien esta etapa, tienes que evitar llevar artículos cortopunzantes o inflamables, como tijeras o desodorantes en spray. Después de pasar por el detector, recoge tu bolso y deja la bandeja al final de la mesa, apilada con sus hermanas.
            En este momento, tu recorrido dependerá del tiempo. Si aún es temprano y falta harto para que salga tu vuelo, puedes deambular por el aeropuerto para conocer e identificar las puertas de embarque y aprovechar de vitrinear en los locales. En todo caso, aunque sea o no temprano, debes mirar la pantalla que está a mano izquierda, justo antes de unas escaleras, idéntica a la que estaba afuera. Busca ahí tu vuelo por el número, que aparece en la tarjeta de embarque; si no lo encuentras así, simplemente busca la hora de salida, y ahora sí memoriza el número de la puerta de embarque. Hay tres sectores de puertas de embarque. El primero está a tu mano izquierda, y son las puertas con números más bajos, si es que no me equivoco. El segundo ese el que está en el sector principal, bajando las escaleras –creo que éste llega hasta el número 26 más o menos. Allí hay muchas tiendas y locales de comida, puedes pasear y mirar un rato. El tercero está más abajo, bajando las escaleras que están al medio del segundo sector. Estas son las puertas que llegan hasta el treinta y algo. La diferencia entre este sector y los anteriores es que éste requiere que tomes un bus para llegar hasta el avión y subas a él por una escaleras, tal como en las películas, o como bajaron los Beatles cuando llegaron a USA. En los otros sectores, la forma de embarcar es a través de una manga similar a la parte oruga del Transantiago. Sin importar cuál puerta de embarque está asignada a tu vuelo, debes acercarte a ella cuando escuches que anuncian por altoparlante que ha iniciado el embarque. Debes estar atenta, pues señalan el número del vuelo y el destino, pero no el horario. En ese momento verás que la gente comienza a formar dos filas frente a la puerta, donde hay un mesón con funcionarios de la aerolínea. Las filas se dividen en los asientos del 1 al 14, y del 15 al 26. Debes fijarte en tu número de asiento y ponerte en la fila que te corresponde. Mientras esperas, ten tu carnet en la mano y el ticket de embarque, el mismo papel que mostraste en el detector de metales. Cuando llegues adelante, debes mostrar el papel y tu carnet, y luego te harán pasar adelante.

Cruza el túnel hasta llegar a la puerta del avión (o si quieres te devuelves y te vas para tu casa, es tu decisión). Saluda a las/os azafatas/os y comienza a caminar por el pasillo hasta encontrar tu asiento (espero que no te toque un asiento tan atrás, y que ojalá esté hacia la ventana). Puedes dejar tu bolso en los compartimientos de arriba o debajo del asiento que está delante del tuyo –esto último es lo que te recomiendo, para que puedas sacar algo si lo necesitas sin tener que pararte. Ahora espera a que suba toda la gente y empiecen a hacer los preparativos para el despegue. Recuerda ponerte el cinturón de seguridad, que está en el asiento. Acomódate como puedas. Para reclinar el asiento, algo que puedes hacer una vez que estés en el aire, debes apretar el botón que está en el apoyabrazos derecho. Seguramente el avión se va a demorar en despegar, así que ten paciencia. Cuando se empiece a mover, estará acomodándose en la pista para poder despegar. En este momento te recomiendo escuchar música con tus audífonos para que no se te tapen tanto los oídos al despegar, por el cambio abrupto de altura. Cuando el avión comience a andar más rápido en la pista, significa que está por despegar. Sentirás algo en el estómago, como algo pesado que sube y luego cae muy rápido. Luego de eso, comienza el vuelo. Mientras vas en el aire no sentirás nada, incluso parecerá que no están avanzando –pero sí están avanzando, y a cada minuto están más cerca de Antofagasta. Ahora solo disfruta.

martes, agosto 1

#15

Tengo una historia en la punta de los dedos. Trata sobre una muerte adolescente y la perspectiva infantil de la muerte y la vida. Trata del momento en que sus hermanos pequeños se enteran de lo que ocurre, y también de una tía despreocupada y fría que no puede y no quiere brindar la contención ni el apoyo que ellos necesitan en ese momento. Es una historia que me contaron, que vine a conocer ahora, muchos años después, casi 23 años después. Es una historia que no es mía, pero que recuerdo un poco como si lo fuera. ¿Por qué será que es más fácil contar las historias ajenas que las propias? Ficcionalizarlas, volverlas narración. Es más fácil hablar de los otros que de uno mismo. También me gustaría contar mi historia, pero no sé cómo empezar. Por ahora, intentaré contar la de los otros. La historia de los niños que se enteraron que su hermano mayor había muerto en un accidente durante un paseo escolar a los catorce año. La historia del niño ángel que me salvó de morir a los siete años. La historia de mi familia.
Tengo otra historia en la punta de los dedos, pero más bien pende de un hilo en mi corazón. Esa historia duele mucho todavía, y no sé si sea capaz aún de contarla. Tampoco sé si quiero hacerlo. Ni siquiera he logrado contármela a mí misma, hacer de ello un libro, un capítulo terminado de mi vida. Esta historia hace que me cuestione la linealidad de la narrativa y la posibilidad de contar una historia de manera simultánea, en un trazo fragmentado, medio afantasmado -pero no sé si quiero contarla, no sé si alguna vez querré. No estoy lista para exponerme de esa manera. Tal vez, por ahora, volveré a las historias de los otros, o a las historias de antes, las que puedo remirar y reeditar. Por ahora.

miércoles, julio 26

#9

26/07/17

No sé cómo hacer esto. Creo que nunca voy a saberlo. Tengo ganas de perderme en un bosque o un desierto o un océano y no volver más. Que no haya más recuerdos, más tristezas ni felicidades; que no haya más sentires ni meditaciones ni respiraciones ni latidos acelerados del corazón. Que ya no haya nada. Que no quede nada y me pierda en su vacío. Estoy caminando en el fuego; mis pies son de fuego, y quema, y duele, pero pretendo que no pasa nada, que todo está bien, que puedo hacerlo, que soy fuerte. ¿Y si no quiero ser fuerte? ¿Y si quiero desmoronarme en el fuego y dejarme morir? Mitad cenizas y mitad fogata. Ya no sé qué soy. No puedo con tantas contradicciones en la misma persona. Necesito arrancarme el corazón y partirlo en dos y ser la reina mala y la reina buena. Me alegra mucho que estés feliz pero también quiero hacerte mucho daño, a ver si puedes soportar el fuego como yo, a ver si puedes atravesar este desierto sin desmoronarte como estoy haciendo yo. A ver si las suculentas y los cactus te reciben como a mí, fire walk with me. Quiero que todo esto se acabe y empezar de nuevo pero no sé cómo hacerlo. No sé qué estoy haciendo aquí. Quiero irme a casa, donde estoy yo, donde queda un poco de ti, donde están mis fantasmas deambulando tranquilos, esperándome, donde me espera mi guitarra y mi ukelele esperando tocar alguna canción muy triste que alguna vez, seguramente, te canté a ti. Quiero hablarle a mis plantas y proyectar en sus progresos la poca esperanza que me queda, como si en el renacer de sus hojitas pudiera verme a mí misma renaciendo. Me siento renaciendo pero a la vez muriendo -¿cómo puede ser posible? Soy agua, soy el mar, siempre he sido el mar que destruye y crea y arrasa y es caos y orden a la vez. Soy un sueño del que no puedo despertarme. Estoy en la playa donde siempre hay luna llena y el viento me abraza poco a poco, y me siento bien, y puedo sonreír, y puedo perderme felizmente en la arena y en el agua a mis pies, pero la casa a mis espaldas ahora es un montón de ruinas, ya no queda nada, solo quedo yo. Es lo único que tengo. Este momento perdido en las realidades, sentada en la arena, abrazando mi cuerpo, mirando el cielo y las estrellas y la luna que me arrulla. Es lo único que tengo. Soy lo único que tengo, y por poco no me tengo. Si no hay nadie aquí, al menos estoy yo. Yo en mi fuego y mi tierra y mi aire y mi agua y mi espíritu perdidos y mezclados entre realidades. Estoy en el limbo, en la rasgadura de la tela del espacio tiempo. Soy yo quien me recibe al fondo del pasillo a un lado de la reja plateada (pero realmente me gustaría que también estuvieras tú).

sábado, julio 15

Siempre quiero volver sobre mis palabras. Leerme, mirarme desde afuera, como si otra persona hubiera escrito lo que estoy leyendo. A veces es como volver sobre mis pasos, intentar encajar mis pies sobre las huellas en el piso, solo para caer en la cuenta de que ya no caben, o no alcanzan a cubrir toda la huella porque quien escribió eso ya no existe. A veces es como abrir una ventana y observar desde la altura mis vidas pasadas. Me siento en el alféizar y observo todo con una sonrisa tranquila, en paz con lo que veo, sin rencor a mis palabras, apreciando las historias. Por eso escribo. Para estar ahí, para dejarme en las huellas, para dejar constancia de mis cenizas y luego leerme. Para volver a la escena del crimen y llevarme un souvenir.

martes, julio 11

Corazón

Tengo el corazón apretado
aplastado
exprimido
torturado
atascado
arrancado
explotado
implotado
desbordado
exaltado
estrujado
ensartado
masticado
enajenado
abandonado
derramado
abismado
cortado
abollado
dañado
desconsolado
golpeado
lacerado
maltratado
quebrado
demacrado
dislocado
separado
Herido
Tengo el corazón descorazonado.